En transición en mi nuevo país

Asisto a mi segunda reunión con Broads Abroad in Addis Ababa para aprender sobre cultura etíope (parte 1). Nos habla Dawn Bryan, una antropóloga que lleva más de 30 años residiendo en Etiopía, sobre lo que significa cultura, algo sobre lo que he leído bastante, y cómo nos acercamos a las diferentes culturas como expatriadas, primera vez que reflexiono sobre el tema.

Trasladarse de país puede ser una experiencia muy estresante, aunque seguro que tienen más que contar las valientes que cruzan el estrecho en una patera o caminan varios días por el desierto rumbo al norte. Nosotras, más o menos (no todas), hemos elegido estar fuera de casa.

Para empezar, Dawn nos da una cebolla y pide que la describamos. La cultura no es para ella una caja de bombones sino una cebolla con muchas capas (la lengua, los saludos, los olores y sabores, etc.). Vamos pelando la cebolla y describiendo lo que vemos, tocamos, olemos y sentimos, pero sin emitir juicios ni valoraciones. Estos no se ven, ni se tocan, ni se huelen, aparecen cuando te relacionas (o entras en conflicto) con “el otro”.

Nos presentamos cada una diciendo nuestro nombre y los países en los que habíamos vivido. Todo lo aprendido y vivido anteriormente necesariamente te condiciona tu modo de entender y acercarte a la nueva cultura. Hablando con mi nueva amiga Indira me doy cuenta de lo mucho que tengo de india/India en mí, quizás es porque allí pelé más la cebolla ಥ_ಥ.

Según nuestra conferenciante, hay cuatro etapas en la vida del expatriado/a (hablo en femenino en todo el post): participación,  separación, transición y entrada. Ha hecho un ejercicio en las que todas hemos ido compartiendo nuestros sentimientos en esas diferentes etapas.

En el periodo de participación en el país en el que resides (a veces el tuyo propio) tienes el sentido de pertenecer, dominas la lengua, te sientes segura, familiar, rodeada de amigos (en casos de la propia familia), tienes un trabajo que te gusta…

Llega el día en que te dicen que te vas (separación), empiezan las fiestas de despedida (a veces demasiadas, pero necesarias), las lágrimas, los lloros, etc. Hay quien intima más con algunas amigas en el último mes que a lo largo de su estancia. Si dejas a la familia, afloran los sentimientos de culpa (“¿y si pasa algo cuando yo no estoy?”, “¿me voy a perder la boda de mi prima?”, “no estaré en el cumpleaños de mi papá”, etc.). Incluso hay quien siente celos de aquellos que se quedan (“mi hermana siempre está ahí”).

Empiezas a leer sobre el nuevo país, te pasas el día en busca de escuelas, hospitales, algo que hacer, pero sientes miedo, preocupación, pérdida de control y también curiosidad y excitación  (“¿cómo será mi nueva casa?”, “¿qué tal se sentirán los niños en el nuevo colegio?”, “¿encontraré trabajo?”, etc.). En esa etapa de desenganche ves que todo queda atrás, tus amigas se siguen viendo y haciendo las mismas actividades que tú solías hacer (ahora ya solo pones “Like” en el FB), alguien te reemplaza en tu trabajo (y sientes que tú lo hacías mejor)…

En la etapa de transición en la que me encuentro puedes experimentar una luna de miel (como en mi caso) en la que todo te parece estupendo y te sientes en permanente estado de euforia (puede que luego venga el batacazo), o todo lo contrario (“no saben hacer las cosas en este país”), un choque cultural acompañado de tristeza, depresión, soledad, sensación de no pertenencia, etc.

Por momentos/ tiempo, te puedes sentir más o menos adaptada, confusa o incómoda. La transición puede durar semanas, meses o incluso un par de años y no todos los miembros de la familia la viven por igual o al mismo tiempo.

Algunas chicas han descrito el día “x” en que su pareja empezó a trabajar, sus niños se fueron al colegio y ellas se quedaron solas, sintiéndose aisladas y frustradas (afortunadamente a mí me dio por pasear). Una alemana asustadiza nos relata su choque cultural con un mendigo. Una americana con buen sentido del humor nos cuenta cómo le molestaba que la presentaran constantemente como la esposa de fulanito de tal organización y que no encajaba en el nuevo ambiente (“¿me invita porque soy “la mujer de” o porque realmente le he caído bien y tiene curiosidad por conocerme?”, “¿no hay nadie aquí que piense como yo?”, etc.).  Es tiempo para buscar actividades, amigas, trabajo… para que te vuelvan a conocer por quien eres realmente. A mí me parece positivo reinventarte (“antes era arquitecta y ahora doy clases de yoga”), pero hay quien lo lleva de manera traumática (“¿mi carrera?”, “¿otra vez empezar?”, “¿qué pasará cuando regrese?”, etc.).

La entrada es como la participación, pero en el nuevo país: tienes un nuevo círculo de amistades, si se va el agua y no queda en el depósito (o queda agua pero no hay luz), lo más habitual en estos lares, puedes ir a ducharte a la casa de tu amiga del otro barrio, tu agenda vuelve a estar repleta, consigues un trabajo o actividad que te gusta y te llena y te sientes en casa.

Todos estos sentimientos pueden darse a lo largo de tu estancia en el país, no son etapas que se acaban o superan, fluctúan, y el aprendizaje es contante en todas ellas.

Me ha gustado esta reunión en la todas hemos hablado como si nos conociéramos desde hace mucho tiempo.

Algunos consejos:

  • Ser comunicativos. Los distintos miembros de la familia pueden sentir cosas muy distintas en las diferentes etapas de la mudanza. No hay que tratar de “arreglar” las emociones sino dejarlas fluir, reconocerlas y tratarlas.
  • Dar continuidad entre lo que has vivido y lo que vives, especialmente importante en familias que se mudan cada poco tiempo. Hay “rituales” de transición como cenas especiales, colgar fotos, mensajes, escribir un diario con tus reflexiones, etc.
  • Tomar las decisiones en familia en la medida de lo posible.
  • Despedirse de las amistades y de los lugares.
  • Confirmación cultural: Las familias “internacionales” se convierte en “bi-” o “multi-” culturales con la exposición a diferentes formas de ser, de comportarse y de pensar, olores, sabores, músicas, etc. y, al mismo tiempo, en “embajadores” de su propia cultura.
  • Aprender la lengua local y tratar de hacer amigos del país. Evitar quedarse en la “burbuja” de los expatriados.
  • Tratar de que la pareja trabaje o encuentre el ambiente adecuado para desarrollarse.
  • Participar en actividades en la que disfrutes.
  • Encontrar a gente en la que puedes confiar y hablar de tus sentimientos.
  • Apoyar muy especialmente a los niños y adolescentes, para ellos puede ser todavía más estresante: hablar con ellos de lo que sienten y echan de menos, escuchar cuando te hablan de sus nuevos amigos y profesores, incorporarlos en la toma de decisiones y en los planes, ayudarles a aprender sobre el nuevo país (ser positivos), dejarles elegir la decoración de su nueva habitación, estar alerta en posibles anomalías (insomnio, pérdida de apetito, fatiga, nostalgia, etc.), permanecer en contacto con sus amigos.
  • Mantener las tradiciones familiares: cumpleaños, fiestas religiosas o populares, etc.

Y, por último, lo que más repetía Dawn Bryan, hay que ser gentil y amable con una misma 🙂

conference on culture by Broads Abroad
conference on culture by Broads Abroad
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