De Denia a Kenia: el safari

Llegamos a Nairobi con la idea de visitar Masai Mara, el parque más famoso de Kenia y uno de los mejores del mundo (1510 km2). Siempre he asociado el safari, palabra de origen árabe y suajili que significa “viaje”, a las películas de Tarzán que veía los sábados por la tarde en casa de mi abuela. Las expediciones de “los malos” que venían a África para cazar a los famosos cinco grandes (“Big 5”): león, leopardo o guepardo, elefante, rinoceronte y búfalo. Afortunadamente  en Kenia han prohibido la caza y ahora el objetivo de los wazungus-blancos (viator album) es atrapar con su cámara a esos mismos mamíferos de la sabana.

El safari también lo tenía como un viaje caro. Es verdad que la entrada a los parques naturales de Kenia es bastante costosa, pero el alojamiento con comida incluida puede ser modalidad 5 estrellas (600 USD por persona y día) o tienda de campaña (menos de 60 USD por persona y día). Ambos te ofrecen, con más o menos lujo, la imagen que los wazungus tenemos de Memorias de África: la cama con mosquitera, la ducha en medio de la selva, etc. Falta Robert Redford y el mono que pone el tocadiscos.

Con respecto al safari en sí (game drives), ver bichos, todo depende del guía que tengas, de lo poco o mucho que disfrute de su profesión (no va en proporción a lo que pagas) y lo que sepa sobre fauna y flora africana. Es cuestión de suerte, a nosotros nos fue bien con George Milambo. También puedes organizar el viaje por tu cuenta alquilando un coche y llevando tu propia tienda de campaña. El mejor momento del día para ver animales es al atardecer o al amanecer (durante las horas de sol los “protagonistas” descansan).

Dentro del Masai Mara hay varios paisajes: el típico de la sabana, la gran llanura herbácea decorada con algunas acacias, donde campan a sus anchas manadas de ñus, cebras, elefantes, y varios tipos de antílopes (eland común, impalas, topis, etc.), alguna jirafa solitaria, avestruces y los leones al acecho. Impresionante ver a las leonas cazando o devorando una presa o un chacal o unas hienas compartiendo con los buitres la carcasa de un búfalo o un antílope.

Otro paisaje es el del río Mara, con los cocodrilos y los hipopótamos que conviven en el mismo espacio como si nada (la naturaleza es sabia).  Dicen que ver la migración de los ñus y cebras desde el Serengeti (Tanzania) en julio-agosto o el retorno en octubre es espectacular. Hay otra zona del parque donde predominan los arbustos y es más agreste.

Entre las puertas Oloolaimutiek y Sekenani hay un pueblo masai (enkang) que puedes visitar previo pago (suelen pedir mil shillings por persona). Por supuesto, que no eres el primer ni el último en hacerlo, es una experiencia turística-cultural, que personalmente he disfrutado. Los masais te reciben con varias danzas, una de ellas consiste en pegar botes. Si saltas muy alto no es necesario que pagues en vacas la dote a la familia de tu mujer o que entregues a tu hermana a tus suegros para que se case con tu cuñado, te sale gratis.

Los masais son un pueblo guerrero y ganadero que parece que ama a sus vacas más que a nada en este mundo, les luce contar sus cabezas de ganado aunque no tengan efectivo o dinero en el banco. Sus reses pastan en el mismo lugar que los “bueyes” salvajes, los búfalos y los antílopes eland. Más de un pastor se enfrenta de vez en cuando a un león hambriento y a los que pueden contarlo les gusta enseñar las cicatrices que quedaron del encuentro.

Nos invitan a pasar a su casa, que construyen cada nueve o diez años las mujeres y que me recuerda a las que ya he visto en Etiopía, hechas de adobe y boñigas porque su olor repele a las serpientes. Nos hablan de lo que comen, principalmente carne de vaca, leche y  sangre, que extraen de la yugular del animal vivo, aunque muchos han adaptado su dieta y comen principalmente ugali (masa o gachas de maíz) con carne, pescado o verduras, comida típica del este de África. Nos enseñan cómo hacen fuego con dos palos.

La vida de algunos masais a principios del siglo XXI es semi-nómada, muchos se dedican al pastoreo y caminan largas distancias en busca de pastos. Hay quien sigue practicando los ritos tradicionales (circuncisión, ablación, enfrentarse al león como paso a la edad adulta, etc.), otros se dedican a la agricultura, la venta de artesanía y al turismo. Muchos estudian inglés y suajili en la escuela y desarrollan todo tipo de oficios en la ciudad.

Lo mejor de nuestra experiencia con los masais ha sido el show de magia, cuatro o cinco de sus trucos con la cuerda y el pañuelo, que Luis-Mago Un Lío les ha ofrecido (formaba parte de su negociación en el pago de la entrada). Alguno pensaba que iba a hacer desaparecer el dinero que tenía y no hacía más que tocarse los bolsillos 🙂

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