Estambul

Las visitas clásicas a Estambul empiezan desde la plaza Sultanahmet, el antiguo hipódromo (siglos II – IV), con los dos obeliscos (el egipcio y el de Constantino), la columna de las serpientes y la fuente alemana. Desde allí se camina a los tres monumentos más turísticos e importantes de la ciudad: la mezquita de Sultanahmet o Mezquita Azul, Santa Sofía y el palacio Topkapi.

La cisterna Basílica, situada al otro lado de Santa Sofía, pasa desapercibida a muchos visitantes. Los bizantinos construyeron importantes obras civiles. Estambul no contaba con recursos hídricos y el agua se traía desde los bosques cercanos por medio de acueductos. Cuando los enemigos atacaban la ciudad, lo primero que hacían era destruir los acueductos que suministraban el agua. Por eso, los aljibes eran tan importantes. El emperador Justiniano (siglo VI) construyó esta cisterna sobre una antigua basílica subterránea para abastecer agua al palacio y a otros edificios públicos. Mide 140 metros de largo, 70 metros de ancho y tiene 8 metros de altura. Hay 336 columnas (28 columnas por 12 filas) de estilos jónico y corintio que pertenecían a templos cercanos. Los pedestales de dos de las columnas son dos cabezas de Medusa colocados en sentido inverso (se desconoce la razón).

La llamada “pequeña Santa Sofía” también es una iglesia-mezquita muy interesante. Se encuentra en el extremo sur de la plaza Sultanahmet, juntó a la Universidad de Mármara. Esta pequeña iglesia fue también construida por el emperador Justiniano y su esposa Teodora entre los años 527 y 536. Es junto a Santa Irene uno de los edificios bizantinos más antiguos de Estambul. Se convirtió en mezquita en 1497. La planta es octogonal, tiene una cúpula principal y dos cúpulas más pequeñas adyacentes, se parece a Santa Sofía. En el patio de la madrasa hay algunos artesanos que venden plata, hojas de libros ilustrados, grabados, etc. Son también muy bonitas la mezquita de Suleymaniye (1550 – 1557), construida por Sinan, el mejor arquitecto turco-otomano, y las dos mezquitas al lado de los mercados más concurridos de Estambul, la mezquita Nuruosmaniye (siglo XVIII), enfrente de la salida de el Gran Bazar, y la Mezquita Nueva o Yeni Cami (finales siglo XVI), frente al Mercado de las Especias.

El edificio que más me ha sorprendido es la iglesia de San Salvador de Cora (conocida como Museo Chora), siglo VI. Los mosaicos y frescos bizantinos son excepcionales. Fueron cubiertos con una capa de yeso cuando la iglesia se convirtió en mezquita en el siglo XVI y se limpiaron hace unos 50 años. Narran la vida de Jesucristo y la Virgen María.

Disfruté mucho el Museo Arqueológico (espectacular colección de sarcófagos y azulejos de Iznik, expuestos en el edificio alicatado exterior), el paseo en barca por el Bósforo al atardecer, el pescado que nos comimos en Kumkapi y un típico bocadillo de caballa a la plancha bajo el puente de Gálata, un té en el bazar Arasta, bajar desde Taksim por la avenida Istiklal y callejear por el barrio Pera.

Algunas cosas prácticas que no leí en ninguna parte:

Si quieres recuperar el dinero de los impuestos en el aeropuerto (tax free) hay que enseñar todo lo que has comprado al agente de aduanas antes de facturar el equipaje. Hay otro mostrador para lo que llevas en el equipaje de mano.

Los taxistas que paran alrededor del Gran Bazar y la plaza Sultanahmet son unos piratas, dan vueltas de más y algunos tienen trucado el taxímetro.

Hay un pase (85 liras turcas) para ver los principales museos de la ciudad.

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