Una noche en el aeropuerto de Riad, Arabia Saudí

Leo en varios foros sobre el aeropuerto de Riad, Arabia Saudí. Algunos lo describen como el verdadero infierno. No sé cómo será en la época de las grandes peregrinaciones, pero en esta época del año es bastante tranquilo. Llegamos a las 8 de la noche y nuestro vuelo no sale hasta las 9 de la mañana. No es posible sacar un visado en el aeropuerto y no hay hotel. Lo más parecido a descansar es meterte en la habitación de rezo con las musulmanas o con los musulmanes y echarte en la alfombra a dormir. A mí me invita la compañera indonesia en la cola de seguridad, así que me cubro la cabeza y voy a echar un vistazo. En el aeropuerto no hay ningún saudí trabajando, todos son de Bangladesh, Paquistán, India, Indonesia y Filipinas. Estamos en nuestra salsa.
Después de mal dormir unas horas en un sillón de masaje que veo libre en la puerta 28 y escribir la entrada de Estambul para el blog, llega la hora de embarcar.
El avión va lleno, todos son etíopes excepto mi familia y cinco extranjeros más que trasladan a primera gratis (?). ¡Qué sarao! Mi compañera de fila se la pasa hablando (gritando) con su amiga cinco filas más atrás y pide a todo el que pasa que le cambien el asiento. Justo antes de despegar lo consigue. Por el asiento que deja libre pasan tres personas en cuestión de dos minutos. Cada uno de ellos lleva una gran bolsa de plástico con sus enseres que colocan en su regazo, no sé si conocen el compartimento para el equipaje de mano o es que ya está lleno. Antes de despegar pongo el cinturón a cuatro pasajeros, el de mi fila y tres del pasillo, que no saben cómo usarlo. Viajamos con 190 etíopes deportados, la mayoría es la primera vez que toma un avión. Ahora entiendo porque este billete era tan barato 🙂
Desde el 13 de noviembre más de 150.000 etíopes han sido deportados desde Riad. Hace un mes finalizó el periodo de amnistía de siete meses que el gobierno saudí había dejado para regularizar a los inmigrantes indocumentados. Se produjeron varias protestas entre los migrantes etíopes y la policía saudí y murieron tres etíopes. Human Rights Watch ha pedido al gobierno saudí que investigue esta violencia desmesurada y ha denunciado el desastre humanitario. Me temo que todo quedará en agua de borrajas. Muchos etíopes fueron detenidos en las protestas y enviados a campos de refugiados, otros se entregaron voluntariamente. De ahí, al avión.
Los etíopes que viajan con nosotros están contentos. Aplauden, se ríen, gritan, no paran de levantarse. Las azafatas van locas. Después de pasar por tanto calvario, al menos podrán celebrar en casa la Navidad o el Nacimiento del Profeta (7 y 13 de enero en nuestro calendario gregoriano).
Etiopía es uno de los países más poblados de África, 91 millones, y de los más pobres, la mayoría vive con menos de dos dólares al día. A pesar de que es uno de las economías que más crece en el continente, hay mucho paro, especialmente entre las mujeres y jóvenes. Muchos etíopes dejan su país en busca de trabajo y pasan por duras y penosas condiciones para llegar a su destino, ya lo contaba la película Sost Maazen.  Muchos (unos 50.000 al año según ACNUR) van a los países ricos de la península Arábica, cruzando el peligroso Yemen y arriesgando sus vidas en el Golfo de Adén donde naufragan montones de barcos o son abandonados demasiado lejos de la costa y mueren ahogados.
Otros migrantes de otras nacionalidades (Sudán, India, Bangladesh, Filipinas, Indonesia, Malasia, etc.) también han sido repatriados estos días.
El avión aterriza y todo el mundo se levanta. El jefe de cabina llama la atención por el micrófono pero nadie hace caso. El aeromozo se pone a pegar gritos para que se sienten. Cuando da la señal todos se abalanzan hacia la puerta. El pasillo está colapsado. Entra la policía al avión y dice que todos los que no llevan pasaporte regresen a sus asientos. De nuevo atropello para sentarse. Unas veinte mujeres salen, ellas sí llevan documento. Algunas se han quitado el chador, se han maquillado y se han peinado. Corren hacia la puerta. En medio del caos logramos salir.

Hogar, dulce hogar para todos.

Recuerdo de La Meca, algo ¿bonito? para ¿comprar? en el aeropuerto de Riad a altas horas de la madrugada
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