“Torre en el cielo” de Hiwot Teffera

Tower in the sky (2012) es el libro de memorias de Hiwot Teferra, una joven estudiante de Harar que se muda en 1972, con 18 años, a la capital de Etiopía, Adís Abeba, para estudiar Filología en el campus de Sidist Kilo de la Universidad Haile Sellasie I.

En partes del libro el lector se llega a olvidar de que se trata de una autobiografía, parece una novela en la que Hiwot es la protagonista que huye, primero del ejercito del emperador y, luego, del DERG. Hay una especie de juego de persecución, con un poco de suspense, en la que ella siempre parece salir ilesa y con suerte de todo. Podríamos decir, incluso, que el libro es la biografía de Getachew Meru, fundador del grupo Abyot (Revolución) y miembro del politburó del EPRP (Ethiopian People’s Revolutionary Party), narrada por su novia, Hiwot Teferra, autora del libro y miembro del EPRP. A él va dedicada (“A mi héroe, Getachew Meru”).

Tower in the sky es también un documental detallado de una época, la de los 70 en Etiopía. Una generación que, en los años 60, disfrutó de unos privilegios: música, libros, cine, coches, arte, lugares de diversión, etc. (p. 74 – 82) y que, en los años 70, se volvió activista para transformar la sociedad bajo el prisma del marxismo. Es un relato detallado del movimiento estudiantil etíope, de sus ideales y motivaciones, antes de la revolución de 1974 y después, cuando el DERG alcanza el poder y se produce la división de fuerzas de la izquierda.

Hiwot es una chica alegre e inocente que disfruta de la compañía de sus amigas y de la moda de entonces (minifaldas, pelo afro, etc.), con una visión bastante apolítica, aunque ha participado en algunas manifestaciones en Harar, su ciudad natal, cuando iba al instituto, pero más como una actividad para pasarlo bien que como un compromiso político. En la universidad “es captada” por una estudiante que la considera “de mente abierta” y entra a formar parte de los “círculos”. Para ella no es más que un divertimento, un honor poder relacionarse con esa gente tan “guay”, que diríamos ahora. Así conoce al que será su mentor y su héroe, Getachew Meru, un estudiante de ingeniería, mucho más sofisticado que ella, totalmente comprometido con la filosofía marxista-leninista. Getachew será quien la “adoctrine”, pero también el que la haga pensar y la convierta en una intelectual:

“¿Un círculo de estudio? ¿Qué es un círculo de estudio? ¡Por supuesto! Después de todo estábamos allí para experimentar la vida” (p.6).

“Volvimos paseando al dormitorio preguntándonos el repentino interés de Tateyu en nosotras. Su (expresión) “mente abierta” nos gustó tanto como nos sorprendió, así que ni siquiera hablamos sobre la invitación de unirnos a un ciclo de estudio” (p.7).

¡Oh, Dios mío!, ¿de qué va todo esto? No sabía que había un asunto sobre Eritrea” (p.22).

Usar estas palabras (“ser captada”, “adoctrinar”) tiene el sentido de lavado de cerebro en una joven tan inocente, pero ella se compromete voluntariamente a esta causa “divina” que llena plenamente su vida:

“Descubrí porque había estado estudiando marxismo-leninismo. De pronto el mundo me pareció diferente. Tenía un significado […]. Sentí que era una de las elegidas para compartir lo que yo vislumbraba como un mundo mágico. Me sentía orgullosa de lo que estaba creciendo en mí. Me veía planeando en el cielo como un águila y aterrizando en la cima del Everest.

Quería tocar el cielo” (p. 53-54).

“Nosotros no pensábamos que nos sobrepasaba. Habíamos elegido perecer porque creíamos en la causa, no por la gloria ni en ganar la inmortalidad. Entregamos nuestras vidas por pura dedicación a la lucha. Era sublime, incluso un acto sagrado” (p. 265).

Hiwot había sido siempre una gran lectora (p.24), pero, gracias a Getachew, se hizo una lectora crítica. Leía todo lo que caía en sus manos y, cada vez más, se familiarizaba con la literatura y el lenguaje comunista (p. 48 – 49):

“Me encantaba leer novelas, pero él encendió una nueva llama en mí, la pasión por la teoría. Sin darme cuenta y casi sin revelarlo claramente, estaba templada en la disciplina, el compromiso y el trabajo duro” (p.58).  

Hiwot entra a formar parte del movimiento Abyot, una organización de jóvenes estudiantes intelectuales clandestina en tiempos del emperador y, por la admiración profunda que siente por Getachew, acaba metida hasta el tuétano en el EPRP (*). Documenta los múltiples enemigos del EPRP y a los amigos del DERG:

“El 23 de marzo de 1977, el DERG promulgó cinco días de “búsqueda” (assessa). El DERG, MEISON, Nebelebal, Abyot Tebaki, el ejército, y grupos marxistas como Woz League (La Liga de los Trabajadores) y MALERID (el acrónimo en amariña para la Organización Revolucionaria Marxista-Leninista) se arremangaron las camisas para derrotar a su común enemigo, el EPRP. Todos los grupos marxistas alrededor del DERG, incluyendo MEISON, tenían sus propias diferencias y su forma de hacer las cosas, pero les unía su odio al EPRP” (p.224).

Getachew Meru, Girmachew Lemma, Tesfay Debessai, Berhanemeskel Redda y cientos de líderes del Partido y de las bases fueron asesinados acusados de traidores y de contrarrevolucionarios. Hiwot le pregunta a Getachew qué piensa del intento de asesinato a Mengistu y este le dice que el Partido no debería involucrarse en actos terroristas peligrosos de ese tipo. Getachew siempre se presenta como conciliador, quiere una Etiopía democrática y próspera y cree en la justicia, la igualdad y el desarrollo rural. Es escalofriante la forma en que los mismos compañeros de partido lo delatan, matan y ejecutan solo porque tiene una visión diferente y apuesta por el diálogo.

Hiwot Teferra narra el engaño por parte de los líderes de su propio partido. Relata los entresijos, peleas, la lucha por el poder, los enredos, y las discusiones entre los grupos políticos comunistas. También todas las atrocidades (tortura, abusos de poder, cobardía, hipocresía, vanidad, egoísmo y represión) por la junta militar, la clica, y entre los mismos camaradas. Hiwot pierde la ilusión por el Partido, no solo por los errores cometidos (señalados por miembros críticos como Getachew Meru y Berhanemeskel Redda), sino por el brutal asesinato de su “héroe” en manos de sus propios compañeros, algo que ella nunca podía imaginar.

“El joven que había amado, respetado y admirado había muerto” (p. 269).

Una de las cosas que más sorprenden es que Hiwot continúe dentro del partido después de la muerte de Getachew, incluso que tome parte en misiones cada vez más arriesgadas, pero entonces se agarra como un clavo ardiente a lo que hasta entonces sostenía su vida.

Finalmente, Hiwot es arrestada y pasa a prisión preventiva en las oficinas del Kebele y Kefitegna, donde vive ejecuciones masivas y torturas. Después, sintiéndose una afortunada por haber sobrevivido, va a la prisión principal de Adís Abeba (Kerchele), donde transcurren ocho largos años de su vida conviviendo con presas comunes, compañeras de partido y alguna amiga, redescubriéndose a sí misma y preguntándose si tanto sacrificio por los ideales vale la pena:

“Descubrí un mundo apasionante. Me sentía atraída por el estilo de vida bohemio de los artistas y escritores (…). Su desapego por las posesiones materiales y su vida de pobreza me atraían” (p.422).

“Después de leer La Historia del Arte y la Música, concluí que eran los individuos los que cambiaron el mundo a mejor con su genio e inspiración. (…) Me di cuenta de que fueron individuos los que cambiaron la sociedad y era capaz de quitarme de encima la creencia que me atormentaba: que el cambio viene solamente a través del esfuerzo colectivo y organizado” (p.423).

“Me percaté de la fuerte aversión que había desarrollado a la política. A veces me preguntaba si estaba en lo correcto. Estaba contenta de dirigir mi vida como yo quería, pero siempre surgían preguntas sobre si centrarme en mi desarrollo personal era aceptable, no dedicarme a los demás sino a mí misma” (p. 423).

“Cuidar de mi propia libertad e integridad era mucho más importante y primordial que tratar de construir una utopía, concluí.” (p. 423).

“En la prisión aprendí que todavía podía creer en la belleza de la vida y la bondad de la gente” (p.424).

En cuanto a su estilo literario, la autora usa frecuentemente una frase que resume el párrafo y en la que generalmente muestra sus sentimientos; utiliza las cursivas para mostrar sus pensamientos. Al principio del libro, sobre todo, explica, cosas demasiado obvias entre paréntesis y que sobran desde mi punto de vista. Cada capítulo empieza con una cita, aunque casi ninguno de sus autores es africano y todos son hombres. Hay algunas referencias a la cultura etíope, por ejemplo, describe Desi como la patria de Negus Michael y Lij Eyasu y como sede de la escuela Weizero Sihen donde se formaron líderes estudiantiles revolucionarios como Berhanemeskel Redda y Waleligne Mekonen (p.176). Menciona a personalidades como Zerai Deres (p. 176) o Abune Petros (p.182) y lugares históricos como Endayesus (p. 193) y Maichew (p.196).

Tower in the sky es un libro que narra los acontecimientos dramáticos, heroicos y trágicos de esta época traumática y brutal de la historia de Etiopia, por una víctima que sobrevivió a los crímenes del Terror Rojo gracias al apoyo de su familia y de sus compañeras y a un golpe de suerte. Es la historia de una generación que rebosa en idealismo por una causa noble, seguida de sueños rotos y desilusión.

Feliz Día del Libro

Otros libros de Etiopía en este blog:

Camilla Gibb, Sweetness in the belly (2005).

Dinaw Mengestu, The Beautiful Things That Heaven Bears (2007).

Maaza Mengiste, Beneath the Lion’s Gaze (2010).

(*) El EPRP (Ethiopian People’s Revolutionary Party) se fundó en Berlín Oriental como EPLO (Ethiopian People’s Liberation Organization) en abril de 1972 por estudiantes etíopes, como vemos en la película Teza de Haile Gerima (2008). Al principio había debates acalorados entre los miembros del EPRP y MAISON (AESM en sus siglas en inglés, All Ethiopian Socialist Movement), publicados en el diario “del gobierno”, Addis Zemen (Nueva Era) y en las revistas Goh (Amanecer), controlada por el EPRP, y Tseday, controlada por MEISON, sobre el tipo de democracia que querían. Por una parte, los que apoyaban al DERG y creían que era mejor colaborar con ellos porque la unión hace la fuerza. Por otra parte, los que creían que llegar al poder no era el fin y que había que trabajar y seguir en la lucha para conseguir la democracia. El EPRP declaró que el DERG había traicionado la revolución negando el derecho a la democracia y lo acusó de fascista. Esto lo convirtió en enemigo del DERG y de otras organizaciones políticas marxistas que lo apoyaban como MEISON.  El conflicto político se tornó cada vez más violento, especialmente en 1976 cuando el EPRP lanzó ataques contra oficiales del DERG e incluso intentó asesinar a Mengistu. En respuesta, Mengistu condenó al EPRP con una brutal campaña de “Terror Blanco” que se tornó en “Terror Rojo” y que, inicialmente, contó con la ayuda de MEISON. Los miembros del EPRP se refugiaron a finales de 1977 en Asimba, su “Sierra Maestra”. El EPRP fue apoyado por el ELF (Eritrean Liberation Front) y también mantuvo reuniones con grupos antigubernamentales como TPLF (Tigrayan People’s Liberation Front), pero después terminaron enfrentados. El EPRP atacó algunas unidades del TPLF en Agame el 23 de febrero de 1978, forzándoles a evacuar la provincia. El TPLF contraatacó al EPRP obligando a sus militantes a volver a la base en Asimba. Después de cinco días de batalla, el TPLF se hizo con su fortaleza y el EPRP, junto al ELF, tuvo que dejar su santuario. Algunos miembros del EPRP continuaron luchando contra el DERG y el TPLF en Gondar hasta que finalmente el gobierno marxista perdió la Guerra Civil en 1991.

(**) Las traducciones son mías.

Título del libro: Tower in the Sky (en inglés)

Autora: Hiwot Teffera

Año de publicación: 2012

Páginas: 437 (tapa blanda)

Editorial: Addis Ababa University Press

 

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De turismo en Yibuti

Aprovechando unos días de vacaciones (el jueves 24 fue Eid al Adha  y el lunes 28 Meskel) hemos estado en Yibuti para visitar a unos amigos. Lo primero que te llama la atención nada más bajar del avión es el calor sofocante, todavía muy fuerte en esta época del año, y la fuerte presencia militar (hay más de 7.000 soldados extranjeros). Yibuti no es un país turístico, aunque tiene paisajes únicos y un fondo marino excepcional.

Yibuti fue parte del reino de Axum (siglo I – IV). Los comerciantes árabes introdujeron el islam a principios del siglo IX. En el siglo XIX, los franceses hicieron tratos con los sultanes afar de Obock y Tayura (Tadjoura) y se instalaron en la zona, creando la Somalia francesa (Côte française des Somalis). Después de la II Guerra Mundial, los somalíes issa se manifestaron a favor de la reunificación de Somalia, repartida entre británicos, franceses e italianos, pero los afar apoyaron a Francia y, tras un polémico referéndum, se creó el ‘Territorio francés de los Afars y de los Issas’ (1967). Diez años más tarde la República de Yibuti obtuvo la independencia. Hoy es un país que no llega al millón de habitantes, el 60% son somalíes issas, que viven especialmenteen el sur, y el 35% afars, ubicados en el norte, el resto árabes y europeos. Los dos grupos étnicos son musulmanes.

La capital es una ciudad portuaria que empezó a construirse en 1888. Todavía mantiene muchos de los edificios de la administración colonial. Alrededor de la plaza Ménélik hay unas cuantas casas encaladas y soportales estilo moruno y europeo con tiendas, cafeterías y zumerías. Muy cerca está la plaza Mahmoud Harbi (antes llamada Rimbaud) con la mezquita Hamoudi y su minarete lechado. Alrededor varios mercaditos (en Les Caisses hay puestos de artesanía africana y alguno con los típicos fiddima, tapices de paja tejidos por las mujeres afar) y calles comerciales donde también abundan los mabraz, establecimientos  para mascar qat. El chat, que llega diariamente desde Etiopía antes de mediodía, forma parte de la cultura de Yibuti. La mayoría de los hombres y un 10% de las mujeres están enganchados a esta droga blanda consumida mientras charlan con amigos.

Me encantan los carteles que pintan en las puertas de las tiendas anunciando lo que venden.

Pasamos por la catedral católica, la iglesia ortodoxa etíope, el palacio presidencial y la estación de tren que unía Yibuti con Dire Dawa y que tanto ha contribuído al desarrollo comercial del Cuerno de África.

El puerto es inmenso aunque solo se ven las grúas y los miles de contenedores de diferentes colores. El puerto pesquero es chiquito y hay una lonja donde compramos pescado para traernos a Adis: pez espada, caballa, mero, doradas…. Hay mucho ajetreo y trasiego de barcas y marineros. Muchos chinos comprando langostas gigantes y algunas mujeres francesas, esposas de los militares, esperando pacientemente a que les toque su turno.

En la misma ciudad hay un par de playas muy concurridas donde la gente va a bañarse, a comer, a rezar, a jugar al fútbol… Nos bañamos en la que queda al lado del lujoso hotel Kempinski, pero el agua está algo estancada por las escolleras y parece una sopa.

El día siguiente tomamos una barca para pasar unas horas en las islas Moucha y Maskali, a unos 20 minutos navegando de la capital. Un lugar donde puedes caminar entre manglares y bañarte en aguas cristalinas, playas de arena blanca de postal, como en Nungwi, Zanzíbar, pero  prácticamente vírgenes.

Impone, a la salida del puerto, ver los grandes buques portacontenedores, las grúas flotantes, remolques, fragatas de guerra con bandera americana, francesa, italiana… De repente una toma conciencia de lo pequeñita que es y del lugar donde se encuentra…

Por la noche, cena en el restaurante yemení Moukbasa National, un lugar con decoración un poco kitsch (paredes rosa palo con molduras de escayola color pastel y decoraciones de La Meca), pero muy auténtico y con un excelente pescado. Lo cocinan al horno de barro, similar al tandoor indio, y le ponen especias muy parecidas al machili tikka. Lo sirven con un pan que parece nan y dos salsas, una verde picante a base de chiles y otra roja, tipo gazpacho andaluz. Por un momento era como si estuviera en Orisa o en Calcuta (faltaba la Kingfisher ;)). De postre, una especie de crepe relleno de plátano y un pan tipo paratha india deshecha y mezclado también con plátano y dátiles machacados, ¡delicioso! 

Lo que más me ha gustado de Yibuti ha sido el viaje al golfo de Tayura o Tadjoura (4 horas en coche desde Yibuti). El paisaje es espectacular, una planicie desértica de origen volcánico que parece un paisaje lunar. En Tayura dormimos al raso en un campamento básico al lado del mar, lo lleva Hassan, un tipo muy simpático y parlanchín que también cocina pescado y alquila su lancha. El día siguiente nos pusimos las gafas y el tubo y unas camisetas para protegernos del sol y fuimos nadando y buceando por tres horas hasta la Playa de Arenas Blancas (Plage des Sebles Blancs, 7 km al este de Tadjoura), el mejor snorkel en años: corales, peces de todos los colores, rayas, tortugas y delfines, una preciosidad.

De camino a Yibuti nos tomamos un café en la terraza del hotel Le Golfe, al lado de otro hotel-restaurante, Le Corto Maltese, decorado con dibujos del cómic de Pratt. Y de ahí al Lac Assal, a 100 km. de la capital, la mayor atracción turística de Yibuti. Un lago a 155 metros bajo el nivel del mar, formado en el cráter de un volcán y rodeado por volcanes “durmientes”. El agua color azul turquesa alcanza en algunos lugares 60 metros de profundidad, aunque en la mayor parte no cubre más de medio metro. La sal ha sido extraída por los nómadas afar desde hace siglos y la transportaban hacia Etiopía en sus caravanas de camellos.

Habrá que volver para ver a les amis, dormir à la belle étoile, bucear con los tiburones ballena y volver a llenar la nevera de poisonJ’adore! Oh la la!

http://www.paquet.li/bd/catalogue/243-fierte-de-fer
“Fierté de Fer. Carnet de voyage sur le train Djibouto-éthiopien” Joël Alessandra et al.

 

 

Stone Town, Zanzíbar, Tanzania

Zanzíbar es uno de los lugares que más me apetecía visitar desde que llegamos a África y se lo recomiendo a todo el mundo. Aquí encuentras la típica playa de postal con aguas azul turquesas y arena blanca, pero hay mucho más. Hemos pasado unos días muy agradables en la playa de Ngunwi y otros en Stone Town, también conocida como Mji Mkongwe (“Ciudad Vieja” en swahili), que es la parte vieja de Zanzibar City, la ciudad principal de la isla de Zanzíbar, Patrimonio Nacional de la UNESCO, con más de dos mil edificios protegidos.

Puedes pasar días caminando en Stone Town y perderte entre las callejuelas estrechas, concurridas por motos y bicicletas tocando el timbre a toda hora y llenas de sorpresas, aunque seguramente no por mucho tiempo porque siempre acabas en el mar. A veces parece que estás en La Habana Vieja, en Eshawira o en Banda Aceh. En sus calles hay mezquitas y escuelas coránicas con niños y niñas recitando el Corán, gente reunida en los bancos de piedra (baraza) típicos de la arquitectura de la isla, caserones con grandes barandas (muchos convertidos en hoteles), cafeterías que huelen a especias, viviendas de estilo árabe con patios para combatir el calor húmedo tropical y de influencia india con balcones decorados, bazares, galerías de pinturas y artesanías y boutiques modernas con todo tipo de ropa y decoraciones. Muchos edificios tienen preciosas puertas de madera tallada con motivos geométricos o florales y frases del Corán.

La Casa de las Maravillas (Beit el-Ajaib, House of Wonders), llamada así porque era la única en toda la isla que tenía luz y agua, es uno de los edificios más imponentes. Fue construida en 1883 por el sultán Barghash como un palacio ceremonial, luego bombardeada por los británicos y restaurada por el sultán Hamoud a principios del siglo XX, que usó la planta de arriba como residencia. Hoy es un museo de la cultura swahili del siglo XIX, pero está cerrado al público por restauración. Nosotros nos colamos unos minutos y pudimos ver un enorme mtepe, el barco tradicional de madera, construido sin clavos, con fibras de coco y lanas. Al lado de la Casa de las Maravillas, se encuentra otro bonito edificio, Beit el-Sahel, residencia del Sultán hasta 1964, y se levanta el Antiguo Fuerte, construido en 1700 por los árabes omaníes para defenderse de los portugueses.

Los Jardines de Forodhani entre el Fuerte y el mar se llenan de puestos de comida (pinchos, jugos, brochetas de pescado y mariscos) y gente al atardecer, algunos vendedores ofrecen cestos de especias como suvenir, los hay especialmente pesados (¡hakuna matata!).

El Antiguo Dispensario es un icono de la arquitectura multicultural zanzibarí, construido a principios de siglo por un rico mercader indio y restaurado hace unos años por la Fundación Aga Khan, actualmente es el Centro Cultural de Stone Town. Recuerda a las casas de indianos construidas en la costa del Cantábrico.

La catedral anglicana fue la primera de África del este, construida sobre el antiguo mercado de esclavos. Se visitan las dos únicas celdas que se conservan bajo el hostal Santa Mónica, pegado a la catedral. Es un espacio frío y sobrecogedor donde no cuesta imaginarse a los esclavos hacinados antes de venderlos a los negreros. Cada año pasaban por aquí entre 40.000 y 50.000 personas traídas del continente. Un monumento conmemora su sufrimiento fuera de la catedral.

La Catedral de San José, católica, fue construida en 1898. Si no levantas la mirada casi no te das cuenta de su existencia, está encajonada entre calles donde abundan las galerías de arte con pinturas tinga tinga (estilo batik).

Hay muchas mezquitas en la ciudad, la más antigua es Msikiti wa Balnara, construida en 1831 y ampliada en 1841 y de nuevo en 1890. Tiene un sencillo minarete encalado de blanco con forma cónica.

El Mercado de Daranjani es el típico africano con un edificio semicerrado donde venden la carne y el pescado (sin hielo ni vitrinas asépticas) y un montón de puestos alrededor donde puedes comprar fruta, verdura, especias (para eso estás en la Isla de las Especias, que huele a vainilla, clavo, canela o cardamomo, según dicen todos los folletos turísticos), ropa y otros productos.

Al lado del Hotel Tembo, están los apartamentos donde nació Farrokh Bulsara, conocido por todos nosotros como Freddie Mercury, el cantante de Queen, el 5 de septiembre de 1946, cuando Zanzíbar era un protectorado británico. Sus padres, Bomi y Jer Bulsara, eran parsis de Gujarat, entonces parte de la provincia de Bombay en la India colonial. Su padre era un oficial del gobierno británico y fue trasladado a Zanzíbar. Cuando Mercury cumplió 7 años, sus padres lo enviaron a estudiar a un internado en Panchgani, cerca de Bombay, y allí empezó sus primeras clases de piano. Durante la Revolución de Zanzíbar, mataron a muchos árabes e indios y la familia de Mercury emigró a Inglaterra. Desde Bombay Mercury se reunió con su familia, estudió arte y diseño gráfico en una universidad londinense y entró a formar parte de varias bandas hasta que, en 1970, conoció al guitarrista Brian May y al batería Roger Taylor y juntos formaron Queen. Muchos zanzibaríes no conocen a Freddie Mercury o no están orgullosos de él, quizás porque era homosexual o se consideraba británico o era origen indio. A mí me hizo mucha ilusión dormir en su casa (ahora convertida en cómodo apartamento que pertenece al Hotel Tembo).

Un poco de historia de Zanzíbar

A pesar del modesto tamaño de la isla de Zanzíbar (87 km de largo y 37 en su parte más ancha) ha tenido una importancia considerable en la historia de África oriental. Su belleza y potencial han atraído a exploradores, comerciantes y conquistadores persas, árabes, indios y europeos desde hace unos dos mil años.

En la Antigüedad la visitaron egipcios, sumerios, fenicios, griegos y romanos, que navegaban por el Mar Rojo y bajaban a la costa africana buscando oro, ébano y otros productos animales.

Durante los siglos III y IV llegaron otros migrantes como los bantúes (Camerún actual) a la costa africana y se establecieron en ciudades como Kilwa, Lamu y Mombasa en el continente y Unguja Ukuu en la isla de Zanzíbar. Los nuevos habitantes comerciaban con los árabes exportando marfil, cuerno de rinoceronte, carey y aceite de palma e importando herramientas, armas, vino y trigo. Los árabes llevaban estos mismos productos hacia la India por mar, favorecidos por los vientos monzones que soplan entre marzo y septiembre, y se traían de vuelta telas, cuentas y porcelana de la China (vía India) entre noviembre y febrero.
Los mercaderes árabes llamaron a la isla Zanzíbar, que significa “tierra de gente negra” (zinj viene del persa zang que significa “negro” y barr es “tierra” en árabe).

Entre los siglos VII y IX muchos de los comerciantes árabes se establecieron en la isla y otras ciudades de la costa keniata, alguno de ellos fue quizás Simbad, el marino de Las mil y una noches.

Los descendientes de los bantúes desarrollaron una lengua y cultura conocida como swahili. Su lengua, kiswahili, de origen bantú, tiene muchas palabras árabes (el nombre de la lengua proviene de sahil, que quiere decir “de la costa”) y también del persa, como muchos términos náuticos. Es la lengua en la que decimos “hakuna matata”. Los swahili adoptaron muchas costumbres árabes, especialmente la religión.

Los marineros de Java y Sumatra también viajaron hacia la costa este africana entre los siglo VII y XIX e introdujeron los cocos y las bananas.

A mediados del siglo XV los portugueses mandaron exploradores (Bartolome Días y Pedro da Covilha en 1487 y Vasco de Gama en 1497) a la costa africana buscando una ruta marítima hacia el este así como el reino cristiano del legendario Preste Juan de Abisinia. Desde el nacimiento del imperio otomano en 1487 todos los productos orientales, incluidas las valiosas especias, llegaban a Portugal a través de comerciantes musulmanes, potencialmente hostiles. En 1505 los portugueses tomaron Mombasa y en 1506, Pemba para asegurarse el comercio.  En 1525 controlaban toda la costa Este africana desde Lamu (Kenia) a Sofala (Mozambique)En 1560 los portugueses construyeron una iglesia y un mercado en la península oeste de Unguja (ahora Stone Town) y varios fuertes para protegerse (Chake Chake en Pemba y Fort Jesus en Mombasa). Las construcciones no sirvieron de mucho y los omaníes se hicieron con el gobierno de la isla 1698. Desde entonces formó parte del reino omaní junto a la zona de costa que va desde Mogadiscio, en Somalia, hasta Cabo Delgado, en Mozambique, y todas las islas cercanas.

Zanzíbar era cada vez más próspera gracias al lucrativo comercio de esclavos (iniciado a finales del siglo XVIII por los franceses y portugueses y continuado por los árabes) y especias y en 1840 el sultán Said de Omán trasladó su corte de Muscat a Zanzíbar. Cuando murió el sultán, el reino se dividió entre sus hijos y quedaron separadas Omán y Zanzíbar.

En 1888, la presión de los ingleses acabó con el tráfico de esclavos en la isla. En el reparto de colonias africanas del este entre alemanes y británicos, Zanzíbar quedó como un protectorado británico (1890). Los exploradores europeos como Livingstone y Stanley empezaron sus expediciones al interior de África desde Zanzíbar.

En 1963 Zanzíbar obtuvo la independencia y pasó a formar parte de la Commonwealth. En 1964 el sultán y su gobierno fueron expulsados en una revolución apoyada por Dar es Salaam. En el mismo año Zanzíbar y el nuevo país independiente Tanganyka se unieron para formar la República Unida de Tanzania.

Zanzíbar tiene un estado semi autónomo en Tanzania, tiene su propio parlamento que es elegido cada 5 años. El presidente de Zanzíbar es también vicepresidente de Tanzania.

Hoy vive del turismo (medio millón en 2013), la pesca y la agricultura (especialmente la producción de clavo y coco).

Bibliografía: Chris & Susana McIntyre. Zanzibar. Pemba. Mafia.The Bradt Travel Guide. 2006