Los lagos del valle del Rift, Etiopía

Los lagos del Valle del Rift son perfectos para escapar los fines de semana de Adís Abeba y desconectar: dar paseos, leer libros, comer pescado fresco y hacer alguna que otra foto a los pájaros.

El más cercano y mayor es el lago Ziway (a 160 km. de Adís Abeba), también conocido como lago Dembal. Está rodeado de higueras africanas donde reposan varios marabúes. Cada vez tiene menos agua debido a la sequía y a la floricultura de la zona. El hotel Haile es ideal para disfrutar del lago y almorzar de camino a Hawassa o Shashemene.

El lago Langano (a 200 km. de Adís Abeba) es el que ofrece más hoteles y campings. Es el único en el que te puedes bañar y hacer canoa porque no tiene cocodrilos ni bilharzia, el parásito que causa esquistosomiasis, pero el agua es color chocolate y hay bastantes olas.

La colonia de flamencos en el lago Abiata es la más numerosa ya que sus aguas alcalinas los atraen. Queda muy cerca del Parque Nacional de Senkele, uno de los lugares más bonitos del país.

Alrededor del lago Shala, entre las acacias, ágaves y chumberas, se pueden ver caravanas de camellos que llevan carbón vegetal hacia Mojo. Al suroeste, cerca del pueblo de Aje, se encuentra el lago Chitu, un lugar con actividad volcánica donde puedes bañarte en sus aguas termales que, según los etíopes, tienen propiedades curativas. Desde el hotel ‘10,000 Flamingos’ se disfruta de la presencia asegurada de miles de flamencos y una maravillosa vista de este lago con forma de corazón.

En los lagos Abaya y Chamo, en Arba Minch, hay un montón de hipopótamos. Los poblados ganjule y guji se dedican a la agricultura pero también los cazan. Los guji navegan en unas conoas similares a las que se usaban en el antiguo Egipto y vemos representados en sus pirámides y papiros (ambatch).

En todos estos lagos se pueden observar marabúes, pelicanos, garzas, ibis y cigüeñas. Es un paraíso para los amantes de los pájaros (francolines, águila pescadora, cormoranes, patos, cercetas, chorlitos, gansos, martines pescadores, etc.).

Los cinco lagos mas grandes de Etiopía:

Lago Tana (fuera del valle del Rift), a 1.840 m. sobre el nivel del mar, 3.600 km2 de superficie, 14 m. de profundidad, con muchas iglesias para visitar: Ura Kidane Mihret y Aswa Mariam, cerca de Bahir Dar y Debra Sina, cerca de Gongora.

Lago Abaya, a 1.268 m. sobre el nivel del mar, 1.160 km2 de superficie, 13 m. de profundidad.

Lago Chamo, a 1.235 m. sobre el nivel del mar, 551 km2 de superficie, 10 m. de profundidad.

Lago Ziway, a 1.846 m. sobre el nivel del mar, 434 km2 de superficie, 4 m. de profundidad.

Lago Shala, a 450 m. sobre el nivel del mar, 410 km2 de superficie, 250 m. de profundidad.

De turismo en Yibuti

Aprovechando unos días de vacaciones (el jueves 24 fue Eid al Adha  y el lunes 28 Meskel) hemos estado en Yibuti para visitar a unos amigos. Lo primero que te llama la atención nada más bajar del avión es el calor sofocante, todavía muy fuerte en esta época del año, y la fuerte presencia militar (hay más de 7.000 soldados extranjeros). Yibuti no es un país turístico, aunque tiene paisajes únicos y un fondo marino excepcional.

Yibuti fue parte del reino de Axum (siglo I – IV). Los comerciantes árabes introdujeron el islam a principios del siglo IX. En el siglo XIX, los franceses hicieron tratos con los sultanes afar de Obock y Tayura (Tadjoura) y se instalaron en la zona, creando la Somalia francesa (Côte française des Somalis). Después de la II Guerra Mundial, los somalíes issa se manifestaron a favor de la reunificación de Somalia, repartida entre británicos, franceses e italianos, pero los afar apoyaron a Francia y, tras un polémico referéndum, se creó el ‘Territorio francés de los Afars y de los Issas’ (1967). Diez años más tarde la República de Yibuti obtuvo la independencia. Hoy es un país que no llega al millón de habitantes, el 60% son somalíes issas, que viven especialmenteen el sur, y el 35% afars, ubicados en el norte, el resto árabes y europeos. Los dos grupos étnicos son musulmanes.

La capital es una ciudad portuaria que empezó a construirse en 1888. Todavía mantiene muchos de los edificios de la administración colonial. Alrededor de la plaza Ménélik hay unas cuantas casas encaladas y soportales estilo moruno y europeo con tiendas, cafeterías y zumerías. Muy cerca está la plaza Mahmoud Harbi (antes llamada Rimbaud) con la mezquita Hamoudi y su minarete lechado. Alrededor varios mercaditos (en Les Caisses hay puestos de artesanía africana y alguno con los típicos fiddima, tapices de paja tejidos por las mujeres afar) y calles comerciales donde también abundan los mabraz, establecimientos  para mascar qat. El chat, que llega diariamente desde Etiopía antes de mediodía, forma parte de la cultura de Yibuti. La mayoría de los hombres y un 10% de las mujeres están enganchados a esta droga blanda consumida mientras charlan con amigos.

Me encantan los carteles que pintan en las puertas de las tiendas anunciando lo que venden.

Pasamos por la catedral católica, la iglesia ortodoxa etíope, el palacio presidencial y la estación de tren que unía Yibuti con Dire Dawa y que tanto ha contribuído al desarrollo comercial del Cuerno de África.

El puerto es inmenso aunque solo se ven las grúas y los miles de contenedores de diferentes colores. El puerto pesquero es chiquito y hay una lonja donde compramos pescado para traernos a Adis: pez espada, caballa, mero, doradas…. Hay mucho ajetreo y trasiego de barcas y marineros. Muchos chinos comprando langostas gigantes y algunas mujeres francesas, esposas de los militares, esperando pacientemente a que les toque su turno.

En la misma ciudad hay un par de playas muy concurridas donde la gente va a bañarse, a comer, a rezar, a jugar al fútbol… Nos bañamos en la que queda al lado del lujoso hotel Kempinski, pero el agua está algo estancada por las escolleras y parece una sopa.

El día siguiente tomamos una barca para pasar unas horas en las islas Moucha y Maskali, a unos 20 minutos navegando de la capital. Un lugar donde puedes caminar entre manglares y bañarte en aguas cristalinas, playas de arena blanca de postal, como en Nungwi, Zanzíbar, pero  prácticamente vírgenes.

Impone, a la salida del puerto, ver los grandes buques portacontenedores, las grúas flotantes, remolques, fragatas de guerra con bandera americana, francesa, italiana… De repente una toma conciencia de lo pequeñita que es y del lugar donde se encuentra…

Por la noche, cena en el restaurante yemení Moukbasa National, un lugar con decoración un poco kitsch (paredes rosa palo con molduras de escayola color pastel y decoraciones de La Meca), pero muy auténtico y con un excelente pescado. Lo cocinan al horno de barro, similar al tandoor indio, y le ponen especias muy parecidas al machili tikka. Lo sirven con un pan que parece nan y dos salsas, una verde picante a base de chiles y otra roja, tipo gazpacho andaluz. Por un momento era como si estuviera en Orisa o en Calcuta (faltaba la Kingfisher ;)). De postre, una especie de crepe relleno de plátano y un pan tipo paratha india deshecha y mezclado también con plátano y dátiles machacados, ¡delicioso! 

Lo que más me ha gustado de Yibuti ha sido el viaje al golfo de Tayura o Tadjoura (4 horas en coche desde Yibuti). El paisaje es espectacular, una planicie desértica de origen volcánico que parece un paisaje lunar. En Tayura dormimos al raso en un campamento básico al lado del mar, lo lleva Hassan, un tipo muy simpático y parlanchín que también cocina pescado y alquila su lancha. El día siguiente nos pusimos las gafas y el tubo y unas camisetas para protegernos del sol y fuimos nadando y buceando por tres horas hasta la Playa de Arenas Blancas (Plage des Sebles Blancs, 7 km al este de Tadjoura), el mejor snorkel en años: corales, peces de todos los colores, rayas, tortugas y delfines, una preciosidad.

De camino a Yibuti nos tomamos un café en la terraza del hotel Le Golfe, al lado de otro hotel-restaurante, Le Corto Maltese, decorado con dibujos del cómic de Pratt. Y de ahí al Lac Assal, a 100 km. de la capital, la mayor atracción turística de Yibuti. Un lago a 155 metros bajo el nivel del mar, formado en el cráter de un volcán y rodeado por volcanes “durmientes”. El agua color azul turquesa alcanza en algunos lugares 60 metros de profundidad, aunque en la mayor parte no cubre más de medio metro. La sal ha sido extraída por los nómadas afar desde hace siglos y la transportaban hacia Etiopía en sus caravanas de camellos.

Habrá que volver para ver a les amis, dormir à la belle étoile, bucear con los tiburones ballena y volver a llenar la nevera de poisonJ’adore! Oh la la!

http://www.paquet.li/bd/catalogue/243-fierte-de-fer
“Fierté de Fer. Carnet de voyage sur le train Djibouto-éthiopien” Joël Alessandra et al.

 

 

Una noche en el aeropuerto de Riad, Arabia Saudí

Leo en varios foros sobre el aeropuerto de Riad, Arabia Saudí. Algunos lo describen como el verdadero infierno. No sé cómo será en la época de las grandes peregrinaciones, pero en esta época del año es bastante tranquilo. Llegamos a las 8 de la noche y nuestro vuelo no sale hasta las 9 de la mañana. No es posible sacar un visado en el aeropuerto y no hay hotel. Lo más parecido a descansar es meterte en la habitación de rezo con las musulmanas o con los musulmanes y echarte en la alfombra a dormir. A mí me invita la compañera indonesia en la cola de seguridad, así que me cubro la cabeza y voy a echar un vistazo. En el aeropuerto no hay ningún saudí trabajando, todos son de Bangladesh, Paquistán, India, Indonesia y Filipinas. Estamos en nuestra salsa.
Después de mal dormir unas horas en un sillón de masaje que veo libre en la puerta 28 y escribir la entrada de Estambul para el blog, llega la hora de embarcar.
El avión va lleno, todos son etíopes excepto mi familia y cinco extranjeros más que trasladan a primera gratis (?). ¡Qué sarao! Mi compañera de fila se la pasa hablando (gritando) con su amiga cinco filas más atrás y pide a todo el que pasa que le cambien el asiento. Justo antes de despegar lo consigue. Por el asiento que deja libre pasan tres personas en cuestión de dos minutos. Cada uno de ellos lleva una gran bolsa de plástico con sus enseres que colocan en su regazo, no sé si conocen el compartimento para el equipaje de mano o es que ya está lleno. Antes de despegar pongo el cinturón a cuatro pasajeros, el de mi fila y tres del pasillo, que no saben cómo usarlo. Viajamos con 190 etíopes deportados, la mayoría es la primera vez que toma un avión. Ahora entiendo porque este billete era tan barato 🙂
Desde el 13 de noviembre más de 150.000 etíopes han sido deportados desde Riad. Hace un mes finalizó el periodo de amnistía de siete meses que el gobierno saudí había dejado para regularizar a los inmigrantes indocumentados. Se produjeron varias protestas entre los migrantes etíopes y la policía saudí y murieron tres etíopes. Human Rights Watch ha pedido al gobierno saudí que investigue esta violencia desmesurada y ha denunciado el desastre humanitario. Me temo que todo quedará en agua de borrajas. Muchos etíopes fueron detenidos en las protestas y enviados a campos de refugiados, otros se entregaron voluntariamente. De ahí, al avión.
Los etíopes que viajan con nosotros están contentos. Aplauden, se ríen, gritan, no paran de levantarse. Las azafatas van locas. Después de pasar por tanto calvario, al menos podrán celebrar en casa la Navidad o el Nacimiento del Profeta (7 y 13 de enero en nuestro calendario gregoriano).
Etiopía es uno de los países más poblados de África, 91 millones, y de los más pobres, la mayoría vive con menos de dos dólares al día. A pesar de que es uno de las economías que más crece en el continente, hay mucho paro, especialmente entre las mujeres y jóvenes. Muchos etíopes dejan su país en busca de trabajo y pasan por duras y penosas condiciones para llegar a su destino, ya lo contaba la película Sost Maazen.  Muchos (unos 50.000 al año según ACNUR) van a los países ricos de la península Arábica, cruzando el peligroso Yemen y arriesgando sus vidas en el Golfo de Adén donde naufragan montones de barcos o son abandonados demasiado lejos de la costa y mueren ahogados.
Otros migrantes de otras nacionalidades (Sudán, India, Bangladesh, Filipinas, Indonesia, Malasia, etc.) también han sido repatriados estos días.
El avión aterriza y todo el mundo se levanta. El jefe de cabina llama la atención por el micrófono pero nadie hace caso. El aeromozo se pone a pegar gritos para que se sienten. Cuando da la señal todos se abalanzan hacia la puerta. El pasillo está colapsado. Entra la policía al avión y dice que todos los que no llevan pasaporte regresen a sus asientos. De nuevo atropello para sentarse. Unas veinte mujeres salen, ellas sí llevan documento. Algunas se han quitado el chador, se han maquillado y se han peinado. Corren hacia la puerta. En medio del caos logramos salir.

Hogar, dulce hogar para todos.

Recuerdo de La Meca, algo ¿bonito? para ¿comprar? en el aeropuerto de Riad a altas horas de la madrugada
Recuerdo de La Meca, algo ¿bonito? para ¿comprar? en el aeropuerto de Riad a altas horas de la madrugada

Nochevieja en Addis

Desde buena mañana vemos a muchas personas cargando gavillas de ramas de árboles (chibó) y disponiéndolas en forma de cono. El tráfico estos días es horrible en Addis: la gente se amontona en las calles y aceras para comprar regalos, van como sardinas en los autobuses, el mercado de ovejas y pollos está muy concurrido… Hoy es Nochevieja.
Los etíopes siguen el calendario geez o copto y mañana empieza el año 2006, siete años menos que en el calendario gregoriano. Hoy se reúnen las familias a cenar, cantar, bailar y beber teich, el licor de miel. Los niños (y algunos no tan niños) van por la calle en grupos cantando, tocando un pequeño tambor o las palmas y pidiendo un dinerillo a cambio. El lunes empieza el curso escolar y algunos venden sus dibujitos para comprar lápices y ropa nueva. Alrededor de las 8 de la noche se enciende la hoguera. Nosotros lo hemos celebrado con la gente del hotel Regency en un ambiente distendido y muy simpático. Los niños de la calle y todos los empleados cantaban, alguno se ha lanzado a bailar y las mujeres ululaban.
Mañana, día de Año Nuevo (Tseday), los etíopes visitan a la familia, hacen la ceremonia del café y se felicitan. Como ha caído en miércoles este año y es día de “ayuno”, es decir, día vegetariano en este país, pasado mañana matarán el cordero y lo festejarán con la familia. También se celebra San Juan (Kiddus Yohannes) y se conmemora el día que la reina de Saba regresó de su viaje a Israel para visitar al rey Salomón. A su llegada le obsequiaron con joyas (enkutatash), por eso hoy y mañana las mujeres visten ropa tradicional y se ponen sus mejores galas.
En los portales de las casas han puesto un manto de Addis Abeba, la “nueva flor” que da inicio a la primavera. Melkam Addis Amet! (¡Feliz Año Nuevo!).

Vídeo:

Nochevieja etíope from rosernoguera on Vimeo.