Los lagos del valle del Rift, Etiopía

Los lagos del Valle del Rift son perfectos para escapar los fines de semana de Adís Abeba y desconectar: dar paseos, leer libros, comer pescado fresco y hacer alguna que otra foto a los pájaros.

El más cercano y mayor es el lago Ziway (a 160 km. de Adís Abeba), también conocido como lago Dembal. Está rodeado de higueras africanas donde reposan varios marabúes. Cada vez tiene menos agua debido a la sequía y a la floricultura de la zona. El hotel Haile es ideal para disfrutar del lago y almorzar de camino a Hawassa o Shashemene.

El lago Langano (a 200 km. de Adís Abeba) es el que ofrece más hoteles y campings. Es el único en el que te puedes bañar y hacer canoa porque no tiene cocodrilos ni bilharzia, el parásito que causa esquistosomiasis, pero el agua es color chocolate y hay bastantes olas.

La colonia de flamencos en el lago Abiata es la más numerosa ya que sus aguas alcalinas los atraen. Queda muy cerca del Parque Nacional de Senkele, uno de los lugares más bonitos del país.

Alrededor del lago Shala, entre las acacias, ágaves y chumberas, se pueden ver caravanas de camellos que llevan carbón vegetal hacia Mojo. Al suroeste, cerca del pueblo de Aje, se encuentra el lago Chitu, un lugar con actividad volcánica donde puedes bañarte en sus aguas termales que, según los etíopes, tienen propiedades curativas. Desde el hotel ‘10,000 Flamingos’ se disfruta de la presencia asegurada de miles de flamencos y una maravillosa vista de este lago con forma de corazón.

En los lagos Abaya y Chamo, en Arba Minch, hay un montón de hipopótamos. Los poblados ganjule y guji se dedican a la agricultura pero también los cazan. Los guji navegan en unas conoas similares a las que se usaban en el antiguo Egipto y vemos representados en sus pirámides y papiros (ambatch).

En todos estos lagos se pueden observar marabúes, pelicanos, garzas, ibis y cigüeñas. Es un paraíso para los amantes de los pájaros (francolines, águila pescadora, cormoranes, patos, cercetas, chorlitos, gansos, martines pescadores, etc.).

Los cinco lagos mas grandes de Etiopía:

Lago Tana (fuera del valle del Rift), a 1.840 m. sobre el nivel del mar, 3.600 km2 de superficie, 14 m. de profundidad, con muchas iglesias para visitar: Ura Kidane Mihret y Aswa Mariam, cerca de Bahir Dar y Debra Sina, cerca de Gongora.

Lago Abaya, a 1.268 m. sobre el nivel del mar, 1.160 km2 de superficie, 13 m. de profundidad.

Lago Chamo, a 1.235 m. sobre el nivel del mar, 551 km2 de superficie, 10 m. de profundidad.

Lago Ziway, a 1.846 m. sobre el nivel del mar, 434 km2 de superficie, 4 m. de profundidad.

Lago Shala, a 450 m. sobre el nivel del mar, 410 km2 de superficie, 250 m. de profundidad.

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El monte Zequala,Etiopía

Ayer estuvimos en el monte Zkwala (Zeqwala, Ziqwala, Zuqwala), un inmenso volcán extinto en forma de cono en medio de una planicie donde sobresale por su altura de 600 metros (2.989 m. sobre el nivel del mar).

Partimos de Adís Abeba a las 5 de la mañana y llegamos a Debre Zeyt por la autopista en una hora. Desde Debre Zeyt a Wenber, en las faldas del monte, hay 27 km. por una pista de tierra en obras. Nos llevó casi dos horas llegar (muy pronto la carretera estará lista y se llegará en una media hora). Aparcamos los coches en la escuela de primaria Wenber Hamus y tomamos un guía local para subir a la cima. El camino es pedregoso y hay un desnivel de unos 900 m., así que paramos varias veces a descansar, beber y, de paso, disfrutar de las vistas de la llanura, con campos de teff y trigo que, en esta época del año, amarillean después de la siega.

Al llegar se puede visitar el monasterio de Santa María de Zequala (Zkwala Maryam) fundado por Gebre Menfes Kidus (traducido como Siervo del Espíritu Santo), un monje egipcio también conocido como Abbo, que llegó a Etiopía en tiempos del rey Lalibela. Ahmed Grañ destruyó parte del monasterio, pero la iglesia fue reconstruida en 1912 por Haile Salassie I antes de ser nombrado Emperador. La fiesta del santo Gebre Menfes se celebra dos veces al año, el 15 de octubre y el 14 de marzo, con procesiones y miles de peregrinos que acuden desde Adís Abeba y otras partes de Etiopía. Los peregrinos se bañan en el lago porque consideran que sus aguas son sagradas.

El lago, a pocos metros de la iglesia, es precioso. Está en medio del cráter del volcán (2 km. de ancho y 60 m. de profundidad) y está rodeado de un bosque de enebros y una vegetación bastante frondosa. Dando la vuelta al lago (aproximadamente una hora) vimos una manada de babuinos y muchas fochas.

El descenso no es tan pesado y llegamos a Wenber en menos de dos horas, tomamos unas cervezas en Debre Zeyt para celebrar el éxito de la excursión y regresamos a casa. ¡Qué  bien hemos dormido!

De turismo en Yibuti

Aprovechando unos días de vacaciones (el jueves 24 fue Eid al Adha  y el lunes 28 Meskel) hemos estado en Yibuti para visitar a unos amigos. Lo primero que te llama la atención nada más bajar del avión es el calor sofocante, todavía muy fuerte en esta época del año, y la fuerte presencia militar (hay más de 7.000 soldados extranjeros). Yibuti no es un país turístico, aunque tiene paisajes únicos y un fondo marino excepcional.

Yibuti fue parte del reino de Axum (siglo I – IV). Los comerciantes árabes introdujeron el islam a principios del siglo IX. En el siglo XIX, los franceses hicieron tratos con los sultanes afar de Obock y Tayura (Tadjoura) y se instalaron en la zona, creando la Somalia francesa (Côte française des Somalis). Después de la II Guerra Mundial, los somalíes issa se manifestaron a favor de la reunificación de Somalia, repartida entre británicos, franceses e italianos, pero los afar apoyaron a Francia y, tras un polémico referéndum, se creó el ‘Territorio francés de los Afars y de los Issas’ (1967). Diez años más tarde la República de Yibuti obtuvo la independencia. Hoy es un país que no llega al millón de habitantes, el 60% son somalíes issas, que viven especialmenteen el sur, y el 35% afars, ubicados en el norte, el resto árabes y europeos. Los dos grupos étnicos son musulmanes.

La capital es una ciudad portuaria que empezó a construirse en 1888. Todavía mantiene muchos de los edificios de la administración colonial. Alrededor de la plaza Ménélik hay unas cuantas casas encaladas y soportales estilo moruno y europeo con tiendas, cafeterías y zumerías. Muy cerca está la plaza Mahmoud Harbi (antes llamada Rimbaud) con la mezquita Hamoudi y su minarete lechado. Alrededor varios mercaditos (en Les Caisses hay puestos de artesanía africana y alguno con los típicos fiddima, tapices de paja tejidos por las mujeres afar) y calles comerciales donde también abundan los mabraz, establecimientos  para mascar qat. El chat, que llega diariamente desde Etiopía antes de mediodía, forma parte de la cultura de Yibuti. La mayoría de los hombres y un 10% de las mujeres están enganchados a esta droga blanda consumida mientras charlan con amigos.

Me encantan los carteles que pintan en las puertas de las tiendas anunciando lo que venden.

Pasamos por la catedral católica, la iglesia ortodoxa etíope, el palacio presidencial y la estación de tren que unía Yibuti con Dire Dawa y que tanto ha contribuído al desarrollo comercial del Cuerno de África.

El puerto es inmenso aunque solo se ven las grúas y los miles de contenedores de diferentes colores. El puerto pesquero es chiquito y hay una lonja donde compramos pescado para traernos a Adis: pez espada, caballa, mero, doradas…. Hay mucho ajetreo y trasiego de barcas y marineros. Muchos chinos comprando langostas gigantes y algunas mujeres francesas, esposas de los militares, esperando pacientemente a que les toque su turno.

En la misma ciudad hay un par de playas muy concurridas donde la gente va a bañarse, a comer, a rezar, a jugar al fútbol… Nos bañamos en la que queda al lado del lujoso hotel Kempinski, pero el agua está algo estancada por las escolleras y parece una sopa.

El día siguiente tomamos una barca para pasar unas horas en las islas Moucha y Maskali, a unos 20 minutos navegando de la capital. Un lugar donde puedes caminar entre manglares y bañarte en aguas cristalinas, playas de arena blanca de postal, como en Nungwi, Zanzíbar, pero  prácticamente vírgenes.

Impone, a la salida del puerto, ver los grandes buques portacontenedores, las grúas flotantes, remolques, fragatas de guerra con bandera americana, francesa, italiana… De repente una toma conciencia de lo pequeñita que es y del lugar donde se encuentra…

Por la noche, cena en el restaurante yemení Moukbasa National, un lugar con decoración un poco kitsch (paredes rosa palo con molduras de escayola color pastel y decoraciones de La Meca), pero muy auténtico y con un excelente pescado. Lo cocinan al horno de barro, similar al tandoor indio, y le ponen especias muy parecidas al machili tikka. Lo sirven con un pan que parece nan y dos salsas, una verde picante a base de chiles y otra roja, tipo gazpacho andaluz. Por un momento era como si estuviera en Orisa o en Calcuta (faltaba la Kingfisher ;)). De postre, una especie de crepe relleno de plátano y un pan tipo paratha india deshecha y mezclado también con plátano y dátiles machacados, ¡delicioso! 

Lo que más me ha gustado de Yibuti ha sido el viaje al golfo de Tayura o Tadjoura (4 horas en coche desde Yibuti). El paisaje es espectacular, una planicie desértica de origen volcánico que parece un paisaje lunar. En Tayura dormimos al raso en un campamento básico al lado del mar, lo lleva Hassan, un tipo muy simpático y parlanchín que también cocina pescado y alquila su lancha. El día siguiente nos pusimos las gafas y el tubo y unas camisetas para protegernos del sol y fuimos nadando y buceando por tres horas hasta la Playa de Arenas Blancas (Plage des Sebles Blancs, 7 km al este de Tadjoura), el mejor snorkel en años: corales, peces de todos los colores, rayas, tortugas y delfines, una preciosidad.

De camino a Yibuti nos tomamos un café en la terraza del hotel Le Golfe, al lado de otro hotel-restaurante, Le Corto Maltese, decorado con dibujos del cómic de Pratt. Y de ahí al Lac Assal, a 100 km. de la capital, la mayor atracción turística de Yibuti. Un lago a 155 metros bajo el nivel del mar, formado en el cráter de un volcán y rodeado por volcanes “durmientes”. El agua color azul turquesa alcanza en algunos lugares 60 metros de profundidad, aunque en la mayor parte no cubre más de medio metro. La sal ha sido extraída por los nómadas afar desde hace siglos y la transportaban hacia Etiopía en sus caravanas de camellos.

Habrá que volver para ver a les amis, dormir à la belle étoile, bucear con los tiburones ballena y volver a llenar la nevera de poisonJ’adore! Oh la la!

http://www.paquet.li/bd/catalogue/243-fierte-de-fer
“Fierté de Fer. Carnet de voyage sur le train Djibouto-éthiopien” Joël Alessandra et al.

 

 

Etiopía, 13 meses de sol

“Etiopía. 13 meses de sol” es el eslogan del Ministerio de Turismo. Si llegas entre junio y septiembre vas a pensar que te han engañado y que es una hipérbole para llamar la atención de los turistas. A mí me encanta el lema porque, incluso en la época de lluvias, el sol suele brillar unas horas y en Etiopía, además, hay realmente 13 meses.

"Etiopía.  13 meses de sol". Ethiopian Tourism Commision, Addis Ababa.
“Etiopía. 13 meses de sol”. Ethiopian Tourism Commision, Addis Ababa.

Estamos ahora en pagume, el mes número trece del calendario ortodoxo etíope, que es el principal del país. Este mes tiene solo 5 días (en años bisiestos tiene 6), a diferencia del resto de los meses del año que tienen 30 (acá puedes olvidarte del truco de los nudillos). El próximo miércoles es Año Nuevo (Enkutatash) y empezamos el 2007, una diferencia de siete años (a veces de ocho) con nuestro calendario gregoriano.

El mes empezó el sábado y estos días las iglesias están llenas de gente. Muchos etíopes ortodoxos ayunaron (el “ayuno” aquí se entiende por ser vegano) durante 16 días para prepararse para la “salvación”. El agua de la lluvia que cae este corto mes es bendecida. Puedes tomar el agua sagrada o salpicarte con ella. El día de Año Nuevo, los etíopes lo celebran con sus familias, con una comida especial como el pollo en salsa (doro wat) o la carne de cordero (tbs) que se comen con la enyera o pan etíope; se beben los licores tradicionales (tala, tej, arake) y luego, se hace la tradicional ceremonia del café.

Parece mentira que ya llevamos un año aquí, la Nochevieja del 2005 la celebramos todavía en el hotel. Un año en el que hemos conocido un montón de lugares preciosos (los lagos Tana, Debre Zeyit, AwasaWenchi y Langano, Lalibela, Gondar, Bahir Dar y las Fuentes del Nilo Azul, etc.) y hemos aprendido un montón de cosas de la cultura etíope, de lo que más orgullosa me siento es de mis horas dedicadas al estudio del amariña, aunque todavía no me aclaro todo lo que mes gustaría 🙂

¡Feliz Año Nuevo!

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Doce recuerdos del paisito

Hace un año dejamos América rumbo a África.

Hay momentos en que una hace balance y se emociona con las cosas hermosas que ha vivido.

Ahí van una docena de mis recuerdos de El Salvador, un pequeño gran país  (por si alguien se asoma por allí y no se lo quiere perder ).

1. Se echa de menos a los amigos (salvadoreños y cheles) tomando una Pilsener o una Golden en cualquier lugar.

Los salvadoreños son gente amable de verdad.

2. La playa. Fíjese que en Etiopía no tenemos ): Nuestro lugar favorito para pasar el domingo: Sol Bohemio, La Libertad. A 45 minutos de casa para ir y a hora y media para regresar en esos días que todos los salvadoreños van al mar.

3. La lengua. No es solo porque aquí hablamos en inglés, es esa forma tan particular de hablar que ya hemos hecho un poco nuestra, nuestros hijos salieron del país voseando y nosotros abundamos en palabras y expresiones caliches: chambre, colocho, chinear, ni modo, quiero ver, primero Dios, le voy a quedar mal, aquí nomasito, qué relajo, la cosa se puso yuca, me dio atol con el dedo, etc.

Algo que no podemos evitar los filólogos, fijarnos en las faltas de ortografía. Colecciono este tipo de carteles (deformación profesional). Foto: eaTropía
Algo que no podemos evitar los filólogos, fijarnos en las faltas de ortografía. Colecciono este tipo de carteles (deformación profesional). Foto: eaTropía

4. El clima. Creo que nunca vamos a vivir en un lugar con un clima tan agradable como el de San Salvador, ni caliente ni frío. Comíamos y cenábamos en la terraza ¡todo el año!

5. Las distancias cortas. Eso de tener un país pequeño tiene sus ventajas, si manejás más de tres horas ya te salís del mapa, así que mar y montaña al alcance del fin de semana. Y bien que lo hemos aprovechado.

Los lugares históricos:

Volcanes y fumarolas:

Lagos y parajes naturales: La mejor sorpresa, El Parque Nacional El Imposible, un lugar que todos los salvadoreños adoran, pero que pocos conocen.

Preciosas iglesias:

Ruinas mayas:

6. San Salvador. Al final una hace suya la ciudad donde ha estado viviendo cuatro años y medio. Si la quieres conocer de verdad, recomiendo Toony Tours, el mejor guía del centro de la capital.

7. La pupusa. Cuando estás allí te gustaría probar otras cosas, pero realmente están muy buenas y se echan de menos. Las mejores, las de loroco de doña Delia, en mi propia casa. Echamos de menos el pescado y el marisco, nuestras visitas al Puerto de la Libertad para venirnos a casa con la hielera llena de calamares, camarones, bocascolorás, etc. El mejor restaurante de El Salvador: El chiringuito de Clemente “el ostrero” en la Playa del Jagüey, La Unión.

8. La hamaca, maravilloso invento incorporado al resto de nuestras vidas.

9. El arte de los salvadoreños, que está por todas partes, pero sobre todo en las pequeñas cosas.

10. Las fiestas y los cuentistas de Panchimalco:

11. La huella de San Romero de América:

12. Y otros pequeños detalles…

Maquilishuat (Tabebuia rosea ), el árbol nacional. Foto: eaTropía
Maquilishuat (Tabebuia rosea ), el árbol nacional. Foto: eaTropía

Salú!

El lago Wenchi, Etiopía

El lago Wenchi está situado a unos 150 km. al oeste de Addis Ababa en la región Oromiya.  Si quieres puedes visitarlo en una excursión de un día desde Addis (entre 3 y 4 horas en coche), pero nosotros tomamos el fin de semana.

Salimos de la capital camino a Suba y paramos en Ensessakotteh, un centro educativo y de acogida y recuperación de animales salvajes rescatados o confiscados del tráfico ilegal que mantiene la ONG británica Born Free Foundation. Hay guepardos, leones, linces y varios tipos de monos. Muchos de ellos han sufrido maltratos o han vivido en pésimas condiciones, así que el daño es irreversible; a otros se les entrena para que vuelvan a su hábitat natural.

Visitamos la iglesia de Sta. María en Addis Alem o Nuevo Mundo (55 km. de Addis Abeba), ciudad fundada por Menelik II y su esposa Taytu para que fuera la nueva capital (de ahí el nombre) en un periodo de escasez de agua y madera en Addis Abeba. También hay un palacio, muy parecido al de Entoto, donde los emperadores pasaban una temporada en verano.

Dormimos en la ciudad de Ambo, donde se embotella el agua mineral natural con gas más famosa y popular de Etiopía. Frente al hotel Ambo Etiopía hay una gran piscina de aguas termales con dos trampolines que nuestros hijos disfrutaron de lo lindo.

El lago de Wenchi se formó en el cráter de un volcán, lo rodea un precioso paisaje montañoso con bosques llenos de monos y huertos donde los oromo cultivan enset, falso banano. En una de las islas del lago se encuentra el monasterio de Cherkos, construido en el siglo XIV y decorado más recientemente con pinturas. Los lugareños usan un tipo de barcas muy artesanales para desplazarse por el lago, están hechas con un tronco de madera hueco, tallado; no hay pesca debido a las aguas sulfurosas. A la salida de la iglesia los hombres nos invitan a compartir con ellos un puñado de kolo, cebada y garbanzos tostados, y una taza de tala, bebida local hecha de diferentes cereales fermentados (teff, cebada, maíz o sorgo). Se reúnen un domingo al mes para conversar. Luis los impresiona con un truco de magia y unos pases de torero, no reímos mucho :).

Al otro lado de la isla el paisaje es espectacular, lleno de riachuelos, cascadas, calderas y fuentes de agua mineral. Los caballos están esperándonos. El paseo dura unas dos horas, se me hizo cortísimo.

La asociación de ecoturismo (WETA), a la entrada del parque, es la que organiza las diferentes caminatas y excursiones a caballo. La nuestra fue de 5 horas.

Dormimos en Woliso.

Las iglesias en el lago Tana: Ura Kidane Mihret y Aswa Mariam

En las 30 islas del lago Tana hay unos veinte monasterios, casi todos fundados en el siglo XIV, varios de ellos por los monjes conocidos como “siete estrellas”. Aquí se retiran los monjes a meditar y rezar, para subsistir cultivan verduras en los huertos. La entrada (100 Birr) también es una gran ayuda, de vez en cuando envían a un novicio a Bahir Dar para comprar enseres. Estas iglesias eran prácticamente desconocidas para los europeos hasta la expedición de Robert Cheesman (1930). Las mujeres no podemos entrar en varias de ellas.

Las iglesias de la península de Zage no están tan aisladas, aquí forman parte de la comunidad, hay niños jugando por todas partes y tratando de vender sus barquitas de papiros (tankas). Desde el embarcadero a las iglesias hay un montón de puestos donde mujeres y jóvenes venden artesanías y pinturas religiosas. Tardas un hora en barca desde Bahir Dar.

La iglesia Ura Kidane Mihret es una de las más bonitas del lago Tana. Fue construida en el siglo XVI y pintada posteriormente (siglos XVIII – XIX). La tradición oral cuenta que la fundó Abuna Johannes, uno de los monjes “estrella”, quien trajo el tabot (réplica de las tablas que se guardan en el Arca de la Alianza que, según la tradición etíope, se guarda en Axum) de Jerusalén con la ayuda del arcángel Urael. La iglesia es de adobe, de planta circular y el porche se divide en tres partes, tradicionalmente ocupadas por sacerdotes, hombre y mujeres, con 12 puertas y 4 ventanas.

La iglesia Aswa Mariam está a unos 20 minutos caminando de Ura Kidane Mihret y se parece mucho. También la construyó Abuna Johannes a mediados del siglo XIV, es de adobe y tiene planta circular. La iglesia también posee uno de los cuatro iconos que, según la tradición, pertenecieron a San Lucas y que exhiben una vez al año, el décimo día del mes Meskerem (20 o 21 de septiembre en nuestro calendario occidental).

Bahir Dar

Bahir Dar  (550km de Addis, 180km de Gondar) significa en amariña “al lado del mar”, puesto que el lago Tana da esa impresión desde su puerto. Es una ciudad tranquila y limpia donde puedes comer pescado mirando el lago y pasear por el parque (Ghion Hotel’s Park) y el puerto o tomarte un café en un restaurante flotante.

Cerca del puerto se encuentra la iglesia de San Jorge, construida en los años 60 (se inauguró en 1966) en el lugar que un día ocupó el monasterio del emperador Amda Seyon (siglo XIV). Muy cerca de la iglesia está la Casa de los Portugueses, un edificio de dos plantas construido en el siglo XVII, puede que el arquitecto fuera el jesuita español Pedro Páez, el mismo que construyó la iglesia de Gorgora, al otro extremo del lago Tana.

Desde Bahir Dar puedes hacer dos excursiones estupendas, una para ver las fuentes del Nilo y otra, para visitar las iglesias del lago Tana.

Detrás de San Jorge nos encontramos a estos jóvenes cantando y bailando cantos religiosos:

Las iglesias en el lago Tana: Debra Sina, Gorgora

Desde Gondar a Gorgora, a orillas del lago Tana, no es fácil desplazarte si no cuentas con vehículo propio o te armas de paciencia. Tardas unas dos horas por una pista de tierra para recorrer unos 70 km. Otra opción es cruzar el lago Tana y llegar por barco desde Bahir Dar, unas cinco horas. Todo esto para ver una hermosa iglesia, Dabra Sina o Monte Sinaí, el mejor ejemplo del llamado “primer estilo” gondarino, caracterizado por los motivos geométricos, las figuras delineadas con líneas oscuras y una forma de contar más teatral que narrativa, a diferencia de otras pinturas del “segundo estilo” como las de la iglesia Debre Birhan Selassie de Gondar.

La iglesia se fundó en tiempos del emperador Amda Seyon (1314 – 1344) aunque el edificio ha sido restaurado varias veces y el actual dataría del siglo XVIII. La iglesia es de planta circular y mide unos 19 m. de diámetro. Está hecha de adobe y cubierta con un techo de paja. Las pinturas son lienzos pegados en las paredes del espacio sagrado (maqdas). El cómic narra episodios de la vida de Jesucristo, la Virgen, los apóstoles, los santos y profetas.

Cerca de Gorgora puedes visitar la iglesia y el palacio en ruinas que los jesuitas españoles y portugueses construyeron para el emperador Susenyos, siglo XVII. Pedro Páez (1564 – 1622)quería hacerla a semejanza de las de la Península Ibérica para impresionar al emperador y convencerlo de que se convirtiera al catolicismo romano. La primera piedra se puso en la Pascua de 1626 y el jesuita Joao Martins llevó a cabo su construcción, el emperador la inauguró un año después. En 1632, Fasilidas, el hijo de Susenyos, restauró la Ortodoxia y los jesuitas fueron expulsados de Etiopía, así que la iglesia fue abandonada y con el tiempo solo quedaron ruinas.

El lago Naivasha, Kenia

En este lago, a unos 100 km. de Nairobi, se establecieron los ingleses a finales del siglo XIX (el lago fue “descubierto” por Joseph Thompson en 1884) y hoy alberga una de las comunidades más grandes de expatriados en Kenia. Muchos de ellos se dedican al negocio de la floricultura.

Las aguas frescas del lago son el hogar de una increíble variedad de pájaros (más de 400 especies diferentes) incluyendo el pigargo vocinglero (Haliaeetus vocifer) o águila pescadora africana, que tuvimos la suerte de ver y escuchar (tiene una llamada muy particular, de ahí su nombre latino vocifer).

El pescado es muy abundante en el lago aunque la introducción de algunas especies invasivas como la carpa común en 2001 ha tenido un profundo impacto ecológico.

Entre las “islas” de papiros y jacintos de agua, se ve un grupo bastante numeroso de hipopótamos.

La barquita se toma desde Fisherman’s Camp y puede llevarte hasta la Isla Creciente (Crescent Island), periferia del cráter de un volcán. Desde la barca se ven jirafas, cebras y varios tipos de antílopes que se acercan a la orilla del lago para beber. Estos animales se trajeron a la isla para el rodaje de la película Memorias de África y siguen ahí desde entonces.

El paisaje es bellísimo y  un poco tétrico al atardecer por el sonido que emiten los cientos de pájaros posados sobre las ramas ennegrecidas y secas dentro del lago.